Martes, 21 de Julio de 2026

Por qué un olor puede transportarte a la infancia: la ciencia lo explica

Un estudio francés revela cómo las experiencias olfativas tempranas dejan una huella duradera en el cerebro

21/07/2026 17:30 4 min lectura 8 vistas
¿Por qué un olor puede transportarte a la infancia? La ciencia tiene la respuesta

Hay perfumes que, de repente, devuelven a una cocina, a un patio de colegio o a las vacaciones con los abuelos. Esa capacidad de un olor para despertar recuerdos muy antiguos, inmortalizada por Marcel Proust con su magdalena mojada en té en 'Por el camino de Swann', el primer volumen de su novela 'En busca del tiempo perdido', tiene ahora una explicación científica precisa.

Según un estudio del CNRS (Centro Nacional de Investigación Científica de Francia), publicado en la revista científica Plos Biology, las experiencias olfativas repetidas y positivas durante la infancia dejan una marca duradera en el cerebro. Décadas después, basta volver a percibir ese mismo aroma para reactivar no solo el recuerdo, sino también las emociones asociadas a esos momentos.

Las neuronas del bulbo olfativo, protagonistas de la memoria olfativa

Los investigadores identificaron como protagonistas a un grupo específico de neuronas del bulbo olfativo, una región cerebral que sigue desarrollándose en los primeros años de vida. Cuando un adulto vuelve a encontrarse con un olor conocido de la infancia, esas neuronas ponen en marcha los circuitos cerebrales relacionados con la memoria y la recompensa.

Esta conexión explica por qué un simple aroma puede evocar no solo imágenes o situaciones del pasado, sino también las sensaciones y emociones que las acompañaban, con una intensidad que sorprende incluso a quien las experimenta.

Cómo cambia el recuerdo con el tiempo

Con el paso de los años, sin embargo, el recuerdo cambia de soporte neurológico. A medida que el cerebro reorganiza sus conexiones, la memoria deja de depender tanto de esas neuronas iniciales y pasa a apoyarse sobre todo en redes vinculadas con las emociones. Este proceso ayuda a explicar por qué estos recuerdos suelen conservar una intensidad afectiva excepcional, incluso cuando los detalles específicos se vuelven más difusos.

El diseño del estudio: personas y ratones

Para llegar a estas conclusiones, los científicos combinaron un estudio con voluntarios humanos y experimentos con ratones, una estrategia habitual en neurociencia para validar hipótesis sobre el funcionamiento del cerebro.

Primero preguntaron a las personas por sus recuerdos olfativos más antiguos. Descubrieron que, en la mayoría de los casos, no estaban asociados a un acontecimiento aislado, sino a experiencias agradables repetidas, y a olores que seguían presentes a lo largo de la vida.

Con esa información, diseñaron un modelo experimental en ratones. Durante la infancia, los animales fueron expuestos de forma repetida a un olor agradable en un entorno enriquecido y asociado a experiencias positivas. Ya adultos, mostraban una clara preferencia por ese aroma.

La prueba definitiva: bloquear las neuronas

Los experimentos permitieron además comprobar que, si los investigadores bloqueaban temporalmente las neuronas implicadas en esa memoria olfativa temprana, los animales dejaban de mostrar esa preferencia. Este resultado confirma el papel esencial de estas neuronas en la formación y conservación del recuerdo.

El trabajo también revela que esos recuerdos necesitan mantenerse vivos. En los animales de más edad, la persistencia de la memoria dependía de volver a exponerse periódicamente al olor aprendido durante la infancia, porque, sin esos reencuentros, la huella tendía a debilitarse.

Por qué el olfato es especial en la memoria

Los autores del estudio creen que estos resultados ayudan a entender por qué los olores evocan recuerdos más antiguos y emocionalmente más intensos que los desencadenados por imágenes o sonidos.

Estudios previos ya habían mostrado que la memoria olfativa suele remontarse a la primera década de vida, mientras que los recuerdos provocados por otros estímulos sensoriales suelen situarse más tarde. El olfato, a diferencia de la vista o el oído, tiene conexiones directas con las regiones cerebrales encargadas de las emociones y la memoria, lo que explicaría esta diferencia.

Del laboratorio a la literatura

La investigación ofrece así una explicación neurocientífica a uno de los ejemplos más célebres de la literatura y refuerza la idea de que el olfato ocupa un lugar singular en la memoria humana, capaz de conservar durante toda la vida el rastro de momentos cotidianos aparentemente insignificantes.

El fenómeno, que Proust describió con maestría hace más de un siglo, ahora cuenta con un sustento científico que revela los mecanismos cerebrales detrás de esa experiencia universal: el poder de un aroma para devolver, aunque sea por un instante, a los lugares y emociones de la infancia.

Este contenido tiene fines exclusivamente informativos y educativos. No sustituye la consulta, el diagnóstico ni el tratamiento realizado por un médico u otro profesional de la salud.

Esta noticia fue desarrollada por los Profesionales del Grupo Salud Paraguay gracias a la noticia original creada por nuestros amigos del Última Hora.

Nuestro equipo editorial trabaja para ofrecerte la información más clara, completa y actualizada.